En la tierra en la que nací, los vientos no son tan normales como en Lanzarote o en el conjunto de las islas Canarias. El mes de agosto se espera con ansias ya que llegan los «buenos vientos» y con ellos las cometas.

Cuando era más joven, desde julio o antes nos preparábamos, como si fuera un ritual, para fabricar nuestras cometas. Algunas muy personalizadas, unas grandes, otras chicas, coloridas, complejas, fáciles, etc. Pero casi todos los niños y algunos adultos disfrutaban de su cometa.

Al vivir en una gran ciudad en pleno crecimiento y de forma desmesurada además de descontrolada, «elevar» la cometa era un trabajo complicado debido al «frondoso» tendido eléctrico. Así que teníamos que buscar la periferia o las montañas que rodean la ciudad para tener una buena experiencia.

Sin duda es uno de los más bonitos y buenos recuerdos de mi niñez y de la ciudad en la que nací.

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